Bc Magazine Edición Nº22
Octubre 2009
 
 
Calculadora en mano
Por: Michèle Labbé
Todo indicaba que por primera vez en muchos años la roja clasificaría para el Mundial de Fútbol. Sólo era necesario que, después de un impecable desempeño previo, nuestra selección le ganara a otra jugando de local. Pero no sucedió. En vez de un esperado triunfo, tuvimos que conformarnos con un empate. No era tan malo, sólo era necesario empatar a los brasileños, en Salvador. Con cuatro jugadores brasileños principales fuera del partido, la tarea no se vislumbraba tan imposible. Y después de un primer tiempo más bien flojo, donde los brasileños con mala suerte sólo nos metieron dos goles (¡pudieron haber sido mucho más!), Chile empezó a jugar de forma increíble y, en pleno despliegue de un juego admirable, pero los contrarios nos hicieron dos nuevos goles. Increíble. Perdimos 4-2.
Y entonces, volvemos a tomar la calculadora, para ver esta vez qué tiene que pasar para llegar al Mundial… La pregunta, más allá de los posibles comentarios técnicos que puedan tener quienes están leyendo, es: ¿Por qué siempre es así?, ¿por qué tenemos que estar en la cuerda floja?, ¿por qué no podemos hacerlo simple? No somos tan malos, pues siempre estamos cerca, pero si no somos tan malos, ¿por qué no mejoramos, dejamos de correr riesgos, y ganamos de una vez por todas? Esas preguntas no sólo son válidas para nuestra selección. Son válidas para todas nuestras acciones como país. Algo nos pasa que no podemos salir de la mediocridad.
En lo económico, fuimos una vez un país que crecía al 7%< anual, hoy nuestras autoridades se conforman y hasta celebran un 4% de crecimiento y, peor aún, proyectan un Chile creciendo al 4% en el futuro. En educación, tampoco somos los peores, pero definitivamente somos mediocres o algo menos. Y como país hemos sido incapaces, en más de 15 años de ponernos de acuerdo, eliminar el estatuto docente y darle a nuestros niños una mejor educación.
En seguridad, no somos Colombia, ni México, pero nos acercamos a pasos apresurados. Ya no se puede caminar de noche, en ningún sector de la capital; las estafas telefónicas son pan de cada día y ahora, las cartas de amenaza son la nueva moda.
En celebraciones, no somos Brasil y, peor aún, cada vez que hay una aglomeración de gente, aparece un grupo de antisociales, que flagrantemente rompe todo lo que pillan a su paso y le echan a perder la fiesta a todos.
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